Alatriste
Y allí que fui yo con todo el coraje del mundo a enfrentarme con la gran producción española del momento. Uno piensa, un personaje tan interesante, con tantos libros e historias detrás, en una época tan interesante, con un producción enorme para lo que suelen ser las películas españolas, por muy mal que estén las cosas en el cine español, la película tiene que merecer la pena.
Pues no, desde mi punto de vista, Díaz Yanes destroza literalmente este personaje literario para crear una película sorprendentemente aburrida, y ya tiene que ser difícil que teniendo Alatriste como personaje te salga una película aburrida, pues si, aburre y mucho.
Luego lo mal hecha que está, un montaje horrible que salta de escena en escena y parece que le han dado un golpe al proyector y se ha saltado un rollo de pelicula, unas escenas de acción muy normalitas y poco conseguidas y general una dirección aunque correcta, que no está a la altura de lo que tendría que ser la película.
Pero el gran fallo, el enorme fallo de la película es el guión. La película va pasando por una sucesión de aventuras en varios años en la vida de Alatriste, muchas de estas aventuras, mal explicadas, sin correlación argumental y sin profundizar en ninguna de ellas. Tampoco se profundiza en el personaje de Alastriste, que sino has leido ninguno de sus libros (como es mi caso) pues al final de la película sigue siendo un desconocido.
Es que es realmente pésimo el guión, te lleva de un lado a otro, de una escena a otra, como su hubieran cogido capítulos sueltos de varios libros y los hubieran pegado con grapas.
Los actores no están mal, aunque a mi me resultó poco creible, por muy bien que interprete, el acento "extraño" del capitan Alatriste en la voz de Viggo.
No me voy a extender más, la película me parece un fiasco bestial, aburrida y con un pésimo guión. Y eso que la vi en muy buena compañía.

4 Comments:
Disiento.
De acuerdo que la trama es algo deslabazada, pero es comprensible teniendo en cuenta que la película intenta resumir 5 libros en unas 2 horas; además, opino que esos saltos bruscos potencian la idea de falta de seguridad e inestabilidad en la vida del protagonista. Yo tampoco he leido los libros y estoy seguro de que se pierden detalles muy enriquecedores para la historia, pero supongo que lo más importante está; de hecho cuenta con la aprobación del autor original.
Es cierto que da la impresión de que no se le saca suficiente partido a las secuencias de acción comparándolas con las películas de Hollywood, pero es un estilo de acción un poco diferente, más realista, en el que los soldados no hacen piruetas espectaculares ni atraviesan al malo al borde de un acantilado y le dicen "Encantado de acantilarte". Por ejemplo, en la escena del abordaje al barco, los soldados se movían tórpemente, recuerdo que uno se esconde detrás de una escalera para que no lo ensarten... estos detalles yo no los veo como un defecto sino como un rasgo de realismo y fidelidad a la historia.
Reconozco que en algunos momentos el nivel de intensidad baja bastante, vamos, que estás impaciente porque pase algo, pero esa sensación poco deseable puede mitigarse en parte recreándose en el increible despliegue que supone la película desde el punto de vista de la ambientación, así como en las excelentes interpretaciones de todos los actores. Creo que en el cine español nunca antes se ha llegado a este nivel de perfección en decorados, vestuario, atrezzo, estilismo, referencias históricas, en fin, todos esos pequeños detalles que ayudan a meterte un poco más en la historia.
Al acento de Vigo te acostumbras enseguida; sinceramente, no me parece una razón suficiente para descartar toda la película. Mención especial merece el trabajo de Juan Echanove y los secundarios que hacen de mercenarios compañeros de Alatriste.
Sin duda tiene sus defectos, pero sus virtudes los superan ampliamente y al menos es una película fiel a la historia, sin concesiones ni sentimentalismos que busquen aumentar la taquilla.
No puedo estar de acuerdo con la frecuentemente excesiva bondad del Sr Lobo a la hora de analizar las películas. Estoy de acuerdo en que la ambientación es buena (algo que más que de otra cosa depende del dinero invertido), estoy de acuerdo en que la interpretación de los actores es muy muy buena, pero ahí se acaba todo. Si la trama no resulta porque el hombre ha intentado meter cinco libros en una película es su problema. No estoy de acuerdo en que los saltos de un lado a otro del guión reflejen la vida sin tregua de Alatriste, es simplemente un error gravísimo de planteamiento de la película. La trama no funciona, la película no engancha y en general no se puede calificar de otra forma como de una película absolutamente fallida y de una gran oportunidad perdida de hacer algo de valor para el cine español, experto en fracasos de tanto mirarse el ombligo. Por último, acostumbrarse al acento del Señor Vigo …, que me perdone el Sr. Lobo pero no hay manera de acostumbrarse, pone un acento tan extraño y una manera de hablar en susurros durante toda la película (quizás como intento de eliminar el acento argentino que el tiene) que es imposible acostumbrarse a él y es otro punto más que hunde a la película en lo que es, un auténtico fracaso.
jajaja, vale vale, puedo estar de acuerdo en todo menos en que una buena ambientación es sólo cuestión de dinero (también contarán algo la imaginación y el rigor histórico, que aquí los hay) y en que la peli sea un fracaso total (por lo menos la ambientación está bastante bien y sigo pensando que la idea de la vida errante de Alatriste está bastante lograda).
Al fin conseguí ver Alatriste, y me ha parecido una preciosidad. No entiendo eso de que no engancha. Me pasé media película (desde justo antes de que se rinda Breda hasta el final) con el corazón en un puño. Se me saltaron las lágrimas varias veces, tanto en luchas (que normalmente no me emocionan) como en las conmovedoras escenas de amor. Estoy de acuerdo en que que sean cinco libros o dos o cien, no es una excusa para que la película esté mal. Pero es que opino que está muy bien. Yo no he leído los libros y no me hace falta saber nada más de Alatriste para pasar las dos horas totalmente emocionada y pendiente de sus andanzas, de sus sufrimientos, más bien. Me gusta esa voz que saca, como de ultratumba, me parece muy adecuada. Y si salió por tapar su acento, pues oye, una casualidad muy bien aprovechada.
La única pega que le veo es que la historia que me llega menos es la de amor entre los jóvenes. No sé si es Elena Anaya o el personaje, pero dentro de todo, es lo que menos me creo.
Opino que es una película difícil de olvidar. Aún hoy, un día después, se me hace un nudo en la garganta al recordar muchas escenas.
Os recomiendo que vayais a verla otra vez, porque puede que vuestro afán de analizar os haya impedido dejaros llevar por la historia, y creo que merece mucho la pena. No os fijeis en la ambientación ni en la belleza plástica de las imágenes, ni en la música. Por muy bien que estén, su función es envolvernos, y lo que importa en esta película son los sentimientos de los personajes, bueno, de él, sobre todo, y de su amigo Sebastián, y ya a más distancia, de Íñigo.
Os "pego" aquí este artículo de Javier Marías. No es una crítica de cine, pero expresa muy bien lo que yo he sentido con la película.
Podéis leerlo también, y mejor, si buscais el 17 de sept de 2006,
en:
http://www.javiermarias.es/main.html
Pero por si os da pereza, lo pego. Leerlo siempre es un placer.
" Un hombre conforme
Como saben los lectores memoriosos, a menudo cito o recuerdo el Manual para viajeros por España (1845), de Richard Ford, para constatar que este país poco ha cambiado en muchos aspectos, pese a las apariencias. Ese libro no es sólo uno de los más perspicaces acerca de España, sino también uno de los más divertidos, junto con el Viaje de Londres a Génova (1770), de Giuseppe Baretti. Son incontables las veces en que Ford habla de la inveterada costumbre de los españoles de tener reyes, cardenales, gobernantes, generales y jefes totalmente corruptos, fanáticos o incompetentes, que han llevado a la nación a un sinfín de desastres y al buen pueblo o a la buena tropa a sacrificios y escabechinas sin cuento. La última referencia que le he leído es a la Guerra de la Independencia: “En vano insistió el Duque de Wellington en que los gobiernos españoles adoptaran una guerra defensiva de guerrillas. El orgullo de los generales del Ejército regular no quería aceptar nada que no fuese la lucha y la pérdida de batallas campales”.
Viene esto a propósito de haber visto Alatriste, la película de Agustín Díaz Yanes sobre el personaje creado por Arturo Pérez-Reverte. Antes de continuar debo advertir que del primero, Tano, soy amigo incondicional desde hace treinta y tantos años, y que el segundo fue, durante ocho, mi compañero semanal de página en otra publicación, y allí se fue fraguando otra amistad que, por “literariamente improbable” –como nos dijeron a ambos voces cercanas–, ha adquirido una solidez a prueba de dardos y saetas. Así que en modo alguno podría yo convencer al lector desconfiado de la sinceridad de mis apreciaciones, luego es mejor que éste abandone el artículo sin más tardanza.
En Alatriste se percibe, sin estridencias ni subrayados, sin discursos grandilocuentes ni denuncias demagógicas, lo que ha sido casi siempre nuestra historia, incluso cuando el país era un imperio y dominaba gran parte del mundo. También entonces era pobre y sufrido y estaba lleno de gente conforme, lo cual –nunca me canso de señalarlo– no es lo mismo que conformista, como no son sinónimos la conformidad y el conformismo. Lo segundo es lamentable. Lo primero suele ser admirable, y consiste principalmente en saber encajar sin quejarse en exceso, y en saber perder cuando se merece o es lo que toca. En ese sentido sí que ha cambiado España, un lugar hoy poblado por quejicas que no quieren ser responsables de nada, ni siquiera de sus decisiones. El capitán Alatriste es sin duda un hombre orgulloso, rebelde y anárquico, pero sólo hasta cierto punto. Como él mismo dice, “hay unas reglas”, y a ellas hay que atenerse. Y por eso es también un hombre conforme, como se ve a lo largo de la película y sobre todo en la sobrecogedora escena final (a lo Murieron con las botas puestas), que recrea la batalla de Rocroi en la que fueron sacrificados los tercios por los mandatarios ineptos de turno, y en la que Díaz Yanes nos ha mostrado lo que son las picas y las lanzas en posición horizontal de acometimiento y choque, después de que Orson Welles nos las enseñara en su posición vertical hace muchos años, en Campanadas a medianoche. Hay muchos planos de Alatriste que en absoluto desmerecen de los de aquella antigua obra maestra.
Tano Díaz Yanes ha hecho una película arriesgada, o, dicho de otro modo, se lo ha puesto a sí mismo difícil. Tras cada salto temporal, tras cada elipsis, tras cada hachazo narrativo, obliga al espectador a volver a interesarse por lo que ahora se le cuenta, prescindiendo de lo que podría llamarse “la comodidad de lo que fluye y se enlaza”. Suele lograrlo, pero la única historia unitaria a la que en verdad asistimos acaba por ser la del personaje, de quien Alatriste es como un emotivo retrato en movimiento. La creación que de él hace Viggo Mortensen es extraordinaria, no sólo por su espléndida estampa, sino por su interpretación llena de sutilezas, de sobriedad intensa, de miradas y gestos que explican, relatan y hablan como se ha visto ya poco en el cine desde que murieron actores como John Wayne, James Stewart o Robert Mitchum. El “cuidado” con que dice sus diálogos para parecer español, que al principio chirría un poco, acaba por formar parte del personaje, en un increíble alarde de aprovechamiento de una desventaja. Alatriste se nos aparece, así, como una obra de originalidad sorprendente: lejos de las “fórmulas épicas” de mucho cine espectacular de ahora, que las aplica de manera rutinaria (como si los directores ya no se creyeran nada y sólo pensaran: “ahora toca lucha, ahora un polvo, ahora heroicidad, etc”), en esta película se percibe que casi todo lo que se lleva a cabo en el campo de la guerra y la hazaña, incluso en el del amor a veces, es “a nuestro pesar”: porque hay que ganarse la vida, porque hay esas reglas, porque uno se crea enemigos sólo por ser leal a sí mismo o por respirar o por mover un dedo, porque hay compromisos de amor y amistad, porque no queda más remedio, porque han venido así dadas. Alatriste, tanto el de Pérez-Reverte como el de Díaz Yanes como el de Mortensen, es, como más de una vez ha dicho el primero, “un héroe cansado”. Tan cansado, tan paciente, tan probablemente muerto antes de tiempo, que en realidad está conforme con poder desenvainar una vez más la espada, como una sombra o un fantasma."
JAVIER MARÍAS
El País Semanal, 17 de septiembre de 2006
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